domingo, 14 de abril de 2013
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Niña enclaustrada: Bitácora de mis cenizas.
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| El viaje íntimo de la locura- Robe Iniesta. |
sábado, 24 de noviembre de 2012
Niña enclaustrada: El cenicero de los muertos.
Siempre quise cambiar de nombre para irme de casa, destapar una lata de sardinas sin cortarme los dedos y visitar el cementerio sin tener que besar la tumba de la señorita Gabriela. Ya me ha dicho Martinica que las cenizas de los muertos se ponen junto al Equeco, que la ausencia se parece mucho a un frasco de aceitunas y que los cigarros son para el jardinero Pablo.
Algún día podré bajar por los omoplatos de Maria Polandra, tendré que quererla incluso después de abrir los ojos. Algún día mi hermana menor tendrá resaca, me sentiré como papá cuando se afeita y cambiaré mis botas por una foto recortada del borracho Jeremías.
jueves, 16 de agosto de 2012
Querida niña enclaustrada: Nicotina triste.
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| Nicotina triste. |
Ya te habré escrito más de doce epitafios, ya he besado tumbas bajando por tus omóplatos, eres la muerte que me falta, eres el celofán de mi ruina. No tengo nada más que los párpados hechos sangre, pide un trago para dos, un licor amargo que nos deje ciegos los labios y nos deje un infierno lleno de huesos. Niña alunada te regalo un abismo para dos, un laberinto de órganos vacíos, dibujaré garabatos pálidos para tu atardecer de lugares dolidos y luego viviré entre barcos con miedo a recorrerte toda y no hallarte infinita. Niña alunada déjame dolerte que en otra vida ya bailaremos, tregua púrpura, espina de orgías compartidas ¿Qué no sabes escampar?
Niña enclaustrada, niña alunada que me susurra epígrafes tristes, para luego arrancarme las mariposas como si estuviéramos despiertas.
"Mimarla era treparle sus ojos tuertos, hacerle una tregua pagana con los cuervos de su panteón. Ella, la muerte que me faltaba, la vida que negué, mientras devoraba todos esos borregos que contaba al dormir con ese perfume tan suyo de fósforo apagado en el colchón, el colchón de esos pobres amantes"
domingo, 10 de junio de 2012
En el olvido de los Burgundios: Niña enclaustrada.
Niña
enclaustrada dibújame en tus sueños, te regalo mi recuerdo para tu soledad larga y de flores astilladas. Quédate
con un olvido que pudre, quédate con una mirada tan llenita de vacío para que puedas
besarla sin desangrarte.
Fuimos orugas que se encendían con tan solo mirarlas,
fuimos esa parte incomprendida de un viento sin rumbo, fuimos barcos
húmedos que se hundieron en un océano de
pulpos giratorios, fuimos el sonido de las agujas que se tambaleaban dentro de
un desierto estático y arrugado. Suspírame niña enclaustrada, llórame porque no
te regalé ningún “hasta siempre”.
Solía besarte hasta
que tus mejillas se ahogaran, hasta que tus labios estuviesen helados y tus lágrimas se agotaran por culpa de las
sonrisas chiquitas que nunca quise causarte. Era yo intentando omitir a una tristeza astuta que se había guardado desde siempre en
alguno de mis rincones. Niña enclaustrada, bésame entre espinas.
No me gustaba
saludar a los días, en cambio me gustaba maldecirte a ti y a tus deseos, a ese
paraíso perfecto y extinto, a esas caricias de domingo, cuando apenas era
martes. Niña enclaustrada deséame entre palabras rotas que te condensen en la
utopía de mis labios susurrando al soplo del mismísimo demonio.
Márchate con una nariz
congelada, disfruta de la niebla espesa de tus propios cigarros, piérdete en el
olvido que te construyó mi máquina de tiempo, vete caminando mientras me
inventas con lágrimas. Niña enclaustrada sonríe ingenua y sobriamente al sentirme
en tus manos, clava tu mirada en cualquier lado, déjame tus retazos de piel. Adiós
ceniza femenina, adiós hojalata seca… no me lleves contigo, porque no quiero que me olvides.
viernes, 2 de marzo de 2012
Narices roncas: Sonrisas de lija para tu solsticio, adiós hojalata.
-¡SÍ!, andando por ahí con tan pocas tetas…
-¡ah! como si reconocieras que has perdido lo único que era capaz de reproducir tu ingenuidad para plasmarla en tus ventanas llenas de orugas.
-Ingenuidad bendita y dulce; pero siempre deprisa.
-¡Pobre de ti cenicienta de bengala!... no me sorprende que seas una especie animal en vía de extinción, no me sorprende que seas menos que humana, tampoco me sorprende que no seas de ningún planeta.
-¿Cómo puedes maldecirme de tal manera?
-Lija amarilla; revuelto amargo de mi lengua fucsia, ¿cómo podría yo maldecirte?
En este edén de concubinas vírgenes, no existe ningún demonio musulmán que quiera reprimirte… rebeldía blanca de mis botellas, humo de mi sangre, vinagre con lágrimas… ¿cuántas cajas tienes?
-No tengo ninguna, pero me han guardado por lo menos en una.
-¿Durante cuánto tiempo?
-No por mucho, sólo el suficiente... siempre deseaba que fuera menos de lo que duran las horas en cualquier reloj averiado eternamente; pero duró lo mismo que el humo de tu sonrisa.
Cerrándole sus pestañas, le besó la nariz, la tomó de la mano y no volvió por ella a la mañana siguiente. Ella estrelló su sonrisa en el techo…inmóvil. Espacio inmóvil, tiempo estático, dolor risueño de muerte, alas mutantes, retazos de su rostro, polvo de arena, polvo de tinta con sal. Cuerpo inerte, cuerpo tierra.
-Muérete con tu sabor a formol ingenuo; para amarme siempre, para no necesitarme nunca. Adiós ceniza femenina, adiós hojalata seca… no me lleves contigo, porque yo no quiero que me olvides.
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